Come lo que comían tus abuelos… ¡y estarás más sano!

Vamos estando cada vez más de acuerdo en que cuidar nuestra alimentación es cuidar nuestra salud, así que, desde Corpore Sano, os vamos a dar algunas pautas sencillas para que nuestra alimentación sea la base de una buena salud.

Se habla mucho de la importancia de nuestra dieta tradicional, la dieta mediterránea, así como de los factores que rodean nuestra alimentación y que influyen en nuestra salud.

También son muchos los estudios, y de diversas disciplinas de la medicina, los que convergen en la conclusión de que en la alimentación está el origen de muchas de las enfermedades de nuestros días. O más bien en nuestros malos hábitos alimenticios.

No se trata de ser alarmista ni convertirnos en talibán de la alimentación “sana”, y tampoco hay que tratar estos temas a la ligera. Pero sí, parece que vamos estando cada vez más de acuerdo en que cuidar nuestra alimentación es cuidar nuestra salud, así que, desde Corpore Sano, os vamos a dar algunas pautas sencillas para que nuestra alimentación sea la base de una buena salud.

Estas pautas se van a resumir en el planteamiento básico y general de que si comes como comían tus abuelos estarás más sano. Y para desmontar el postureo, vamos a aclarar que no nos referimos a comer lo mismo, se trata de rescatar la esencia de las costumbres:

  1. La comida de nuestros abuelos estaba basada en los productos de temporada, lo que implica una comida racional y que conlleva además el concepto de sostenibilidad, porque respetar la estacionalidad de los productos que consumimos contribuirá a cuidar mejor nuestro entorno, y puede colaborar a mantener puestos de trabajo de la zona donde vivimos.
  2. Tus abuelos no comían alimentos procesados. Es seguro que no comían bollería envasada, ni bebidas azucaradas, margarinas, sopas instantáneas, nuggets… Come alimentos frescos y que cocines tú mismo, es la mejor forma de garantizar que no llevarán excesos de sal, azúcares, sustancias artificiales, saborizantes que crean adicción, etc.
  3. Al menos una de las comidas del día de tus abuelos era en familia, y suponía el pequeño acontecimiento del día. Quizá no asociamos esto a comer sano, pero sentarse a la mesa con familia o amigos supone dedicar más tiempo, te sacias antes y comer más relajado. Comes mejor y le sienta bien a tu estima y a tu salud espiritual.

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